Por mis compañeras

5 Enero 2010
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by Administrador

La lucha política, sobre todo en las áreas fuera del perímetro que establece como deseables la clase política gobernante, es muy dura.

Luchar por ideas, es mucho más complicado que luchar por cosas.

Luchar con el corazón, aunque la idea este también en la cabeza, es muy difícil, a veces doloroso. Pero siempre hay un nervio que tensa el alma en la lucha, siempre un porqué y unas ganas de arrimar el hombro en ese enfrentamiento.

Tal vez, esta forma de ver la lucha por poder optar a defender a nuestro pueblo, haga que se produzcan más zancadillas por quienes tan solo esconden mugre en sus corazones, por los que nada entienden del alma de las cosas. Los que ven en los sentimientos debilidad, o sensiblería, eso que la parte femenina de una nación sabe tan bien usar para enriquecerla ¿acaso queremos un país tan solo de varones? Nuestros ojos, ven realidades que los ojos de un hombre, a veces, no sabe ver.

Hay ideas en las que parece que quieran usar una venda, una mordaza, un ignorarnos constante, por actos, palabras y acciones es lo que parece que se busque y pretenda. Por eso se insulta, se degrada, se humilla y se las expulsa, muy a lo disimulado, de la lucha, o con suerte, se te deja en un rinconcito que quedamos muy monas ahí adornando.

Por mucha ley que se imponga, sin la debida educación, estos involucionados –que es lo que son-, jamás desaparecerán de nuestra sociedad. Lo peor es hacer creer que todos sean iguales, porque por fortuna, no todos son así. Pero negar la participación de la mujer en la lucha por sus propios derechos, en la lucha de su puesto laboral o por el bienestar de su propia familia, de su comunidad, de su patria, es inhumano, es negar nuestro derecho a elegir, a existir donde nos plazca, a ser más mujeres, si cabe, defendiendo nuestro derecho a ser una hija legítima de nuestro pueblo, no una bastarda que le dé de lado, que tan solo ofrezca su bonita espalda. Como si no se contara con nosotras nada más que para engendrar o dar placer, que es lo tratan muchos de hacer, to también para cumplir con esa paridad impuesta y muy mal parida, mejor dicho y no porque creen realmente que tenemos derecho y OBLIGACIÓN de estar en la lucha, en la sociedad.

Hay pocas, y cada día habrá menos, eso sin duda. Sobre todo en la parte que circunscribe a la involución ideológica de los que se llaman patriotas, bueno, más bien, a la inexistencia ideológica.

Creer que resucitando muertos podremos levantar una nación moribunda, es de ilusos.

Hacernos dueños de las obras de otros, es parasitar.

Andar tan solo enarbolando la bandera del pasado, jamás podremos construir un futuro. Igual que pensar que tiempos pasados, pueden hacerse presentes, es de psicóticos patológicos.

Los casi 50 millones de pobladores de esta patria, no son para nada parecidos a los tanto millones que existieron en ninguna otra época de nuestra historia, así mismo lo que sienten o padecen sus ciudadanos. Ni siquiera, la repercusión de la opinión y acciones de la mujer, están reflejadas en esas horas que lleva a la espalda esta nación, por lo tanto son injustas, irreales e inútiles para hoy.

Se demanda nuestro voto, pero no lo que pensamos, necesitamos, creemos o podemos aportar en la lucha. No somos hombres, ni deseamos serlo, queremos ser mujeres que son conscientes de su obligación en la lucha por la justicia social en su pueblo, mujeres conscientes de que son parte de una comunidad y que debemos defenderla como todos los que la amen o deseen protegerla.

Se considera que, cuando la mujer no comulga con lo que un caballero dice, y defiende su postura, es un capricho, o se es excesivamente protestante, molesta y lo más recurrido “estará con la regla” ¿no será en todo caso fuerza, entereza y voluntad puesta al servicio de la creencia? ¿No es acaso sentirse orgullosa de lo que uno ama y defenderlo pase lo que pase?

Tal vez sea mejor considerado el carácter voluble, o mejor visto, quien en vez de sangre corriéndole por las venas, tiene horchata, las tibiezas, las dobleces…pero realmente es lo que conviene al que tiene miedo, a quien tiembla tan solo al ver su sombra, por eso busca siempre la de otro, porque la suya no le gusta y le aterra su fealdad, y ese complejo le hace buscar, usar y defender la de otros.

No hay que temer a avanzar, a cambiar lo que hace daño a la comunidad a la pertenecemos. Lo que perjudica, lo que resta color a la composición del pueblo es la imposición de realidades inexistentes, las que, caprichosamente, un grupúsculo cree la “repera”. ¿De qué se quejan si luego viene la clase política a imponerles sus realidades? ¿Quién legitima a quien? Creo que eso lo hace el pueblo, el pueblo y su sensación de que vive en justicia u opresión. El pueblo siempre acaba hablando, y quien lo dude ha dejado de creer en lo espiritual y por lo tanto no sirve a ningún ideal, castra el alma de su pueblo con sus materiales y egoístas imposiciones. El que solo sirve a una materia, a un pragmatismo que tan solo les vale en el número, ya bien sea de votos, o de cuerpos que engrosen sus maravillosos actos o filas, actos de hoy que se comparan con los de ayer, para validar un pasado que es eso…pasado. Actos donde solo se regocijan ellos mismos, filas donde siempre migran los mismos. Involución en conclusión.

La mujer es ninguneada e injustamente tratada, insultada y abandonada, ni siquiera hay caballeros ¡Y no se les quiere tampoco! Cuando dices que vas a luchar pones todo tu corazón y entregas tu cuerpo, no hay que escudarse en otro ni otra. Debe asumirse maduramente todo lo que conlleva entregarse a la consecución de un Ideal.

El Ideal está por encima de nosotros mismos, tras nuestro paso, él seguirá. Nuestro deber es que siga existiendo un pueblo que pueda amarlo como el Ideal le ama a él, que todos seamos conscientes de que TODOS lo formamos y que NADIE es imprescindible más que el espíritu de comunidad nacional que nos hermana, que TODOS tenemos obligación de luchar por esa justicia en la sociedad, que NADA es imposible si creemos, si creemos ¡podremos!

Y nosotras formamos parte de esa comunidad, ese TODOS. No solo somos madres, ni hijas, ni hermanas, novias o esposas, podemos ser compañeras en esa lucha, tan valiosas como cualquiera que lo entregue todo por el Ideal, porque es tan deber nuestro como de ellos. Porque en la comunidad nacional nuestra aportación laboral es imprescindible, porque tenemos derecho a decir si vamos o venimos, si nos quedamos o marchamos, si trabajamos en casa o fuera de ella y que se nos valore del mismo modo estemos donde estemos. ¡Ya está bien de tener que demostrar siempre de antemano! ¡Ya basta de hacer pre juicios a nuestra labor sea donde sea!

Hablando de ello, a nadie parece haberle importado que una compañera, una luchadora, haya dejado de estar presente. Eso no importa, a mi sí. Tenga las ideas que tenga, siempre usó el respeto, nunca impuso, ni agredió a nadie. Siento gran aprecio por quien así se conduce, sea mujer u hombre, pero siendo tan poquitas ¿Cómo voy a dejar de alzar la voz por ella? No voy a ser como el resto de perros que tan “varonilmente ladran”.

La mujer es necesaria y quien siga con su negacionismo hacia esta realidad, o no se da cuenta de que desprecia a la mujer que le dio la vida y a la que engendrará a sus hijos, o sea el futuro, o es que no tiene neurona que le funcione bien.

Un fuerte y sincero abrazo Mª del Pilar, y a todas las mujeres que luchan por una sociedad nacional justa.

Carmen M. Padial

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