Complejo de avestruz.
El humano con frecuencia olvida cual es su modo de conducta natural. Cual animal de gen malamente reseteado, vaga sin rumbo, sin ser, y sin estar, o dejar de estarlo, para estrellarse de nuevo contra el muro que el mismo se ha impuesto, sin ton, ni son, o más bien orquestado desde ese monte o cúpula “tan elegida”.
Nos hemos cavado nuestra propia tumba; y es nuestro propio proceder y una cobardía empecinada, la que se ha apropiado de la conducta sana de los europeos.
Cual corderitos vagamos por las sendas que se nos ofrecen, y tímidamente observamos los parajes vastos, verdes y…extensos, como el sediento perdido en un desierto al ver un jarro lleno de agua.
Pero tememos, tememos hasta el respirar de más. Tememos que tan solo por alzar la vista se nos fustigue con la simple palabra. Pudiera yo entender que ante el castigo que se infringía en determinadas épocas de nuestra historia, se temiera a éste, pero tanto nos hemos aferrado a esta vida, miserable -perdónenme el calificativo-, que tememos acudir a un acto en defensa de un supuesto ideal o derecho, acto en el que seguramente no pase nada, y si pasa, serán un par de golpes y si es más ¿qué? ¿Qué manera de amar tenemos ahora?
¿Qué es llevar un ideal ahora? Lucir una triste camiseta de 15 euros, ¡como si es de 5.000! que miserable es día a día nuestro espíritu ¿no? ¿Dónde se secó el manantial de la sangre de héroes que era tan prolífico en nuestro pueblo? Yo diré donde, en nuestra aprendida cobardía. Sí, nos han enseñado a apreciar más la cantidad de vida que su contenido o razón de ser. Nos da igual tanto que, aunque nos sepamos esclavos, no luchamos, tan solo por dar saciedad a ese ansia de vivir parasitario.
Esperamos no sé el qué, para luchar, para creer, para ser, para lograr…Olvidamos que nosotros somos también parte de la revolución, de la lucha, que ir de aplaudidores no tiene mérito y que si algo se ama o se quiere se lucha hasta el último aliento por ello.
Los ideales, repito, se aman. ¿Qué se espera del amante que reniega de ti, de tu nombre y de tu existencia o conocimiento ante el resto del mundo? ¿Actúa acaso con un mínimo honor? El que así te trate te cambiará por otra a la más mínima, en cuanto otra le dé más satisfacción; y pensemos en un ideal. Personas de ese pelaje darán traición en cuanto la situación se presente difícil a sus camaradas, por mucho que hayas reído con él, solo será un camarada cuando hayas sufrido con él.
No se debe de dejar jamás solo a un camarada, así como no se debe de dejar relegada nuestra propia acción, nuestra presencia, en el que vayan otros o que haya otros que lo hagan por ti.
La obligación se realiza desde la devoción.
La devoción nace del amor.
El amor dio fruto a nuestra idea.
Nuestra idea defiende lo que somos.
Lo que somos, morirá junto a esa devoción -sin uso alguno- del amor a una idea de la que decimos ser defensores y muchas veces ¡no hay dios que las defiendan!
¡Europa despierta!
Arawn.
Carmen M. Padial.
Mayo 2006.




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